Parlamento Andino | El rol protagónico de la mujer en la sociedad
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El rol protagónico de la mujer en la sociedad

Cecilia

El rol protagónico de la mujer en la sociedad

Desde que se iniciaron los primeros movimientos reivindicativos de la situación de la mujer en nuestras sociedades occidentales, allá por los años 60, ha cambiado la percepción de su papel y se han promulgado sus derechos en varios instrumentos internacionales.

Como luchadoras hemos pasado de la protesta a la propuesta, los cuerpos colegiados ya no nos asumen como objetos de dádivas sino como sujetos de una legislación inclusiva y una realidad jurídica de intersectorialidad. La sociedad ha aprendido que no queremos ser más ni mejores que los hombres y gracias a nuestras luchas ahora se habla de equidad e inclusión.

Ya no tenemos que justificar nuestra valía por el rol determinante que tuvimos en la historia de la humanidad. Ahora, en las escuelas de Ecuador ya se enseña que fue la mujer quien inventó la agricultura y, por ende, es la propulsora de la revolución neolítica con todos sus componentes: el sedentarismo, la alfarería, el tejido, etc.

Ecuador fue pionero en la lucha contra la violencia familiar, la discriminación hacia la mujer, la creación de instancias oficiales para el tema, la lucha -ya no feminista- sino de género. Y son precisamente esas mujeres pioneras ecuatorianas quienes nos legaron el objetivo de ser exigentes con la sociedad pero autocríticas con nosotras, beligerantes con la injusticia pero esperanzadas con nuestra identidad tradicionalmente solidaria y creativa.

Ahora nos reconocemos diferentes, únicas, con especificidades propias del género. Ya hemos superado las “discriminaciones positivas” en pos de una actitud equitativa a través de, por ejemplo, la alternancia y paridad de género.

A los múltiples aportes de la mujer -como género- en la historia de la humanidad, ahora sumamos un lenguaje y actitud inclusivos en todos los foros nacionales, regionales e internacionales, así como en todas las normas, leyes e instrumentos mundiales. Pero la tarea no ha acabado; tenemos que alcanzar una cultura de vida inclusiva en la que no exista el sexismo en ningún hogar, en ninguna escuela, en ninguna pareja.

Esa tarea nos corresponde todavía a las mujeres porque somos las transmisoras de cultura por excelencia. Porque si bien, somos la mitad de la humanidad también somos la madre de la otra mitad. Y eso no es motivo de vanagloria sino de profunda responsabilidad con el mundo.

Nuestra femineidad nos enseña a cuidar con el mismo empeño lo más pequeño, lo aparentemente nimio, lo supuestamente efímero. Prestamos atención a todo porque sabemos que el camino está hecho de pequeños pasos como el ser humano de partículas aparentemente invisibles.

Para que se haga justicia y legar un mundo mejor a los que amamos, todo es importante, nadie debe quedar atrás, todo trabajo es digno y cualquier momento es una oportunidad para la paz y la equidad.

Parlamentaria Cecilia Castro Márquez
Vicepresidenta del Parlamento Andino por Ecuador
Presidenta de la Comisión de la Mujer y la Equidad de Género

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