Demandas sociales en Chile

Demandas sociales en Chile

No hay duda de que las protestas y demandas sociales que ha vivido Chile en las últimas semanas, entremezclados con una violencia que había venido instalándose soterradamente en nuestra sociedad, han marcado un antes y un después para el país y el enfoque del proyecto de Gobierno, que la mayoría de la ciudadanía había aprobado cuando eligió a un presidente de centroderecha.

Los últimos acontecimientos que hemos vivido, desde los primeros hechos de violencia, pasando por una de las manifestaciones más masivas desde que se iniciaron los gobiernos en democracia, hasta las violentas acciones de destrucción y saqueos que se han repetido sistemáticamente en nuestra capital y en las principales ciudades del país, nos han mostrado con brutal fuerza, que estábamos frente a una realidad social de la que evidentemente existían antecedentes, pero no una visión correcta de su plena dimensión.

Pareciera ser que en nuestro afán de empujar el carro del desarrollo y progreso para el país, fuimos perdiendo nuestra capacidad de diálogo y de entender el valor del bien común, por encima de las ideologías. Producto de nuestra historia reciente, por mucho tiempo y durante sucesivos gobiernos privilegiamos vivir en paz, lo que fue positivo en muchas aspectos, pero también contribuyó a ocultar las diferencias y dejar de percibir las señales que nos indicaban que la estabilidad y la democracia son frágiles y hay que trabajarlas y cuidarlas entre todos.

Chile y los chilenos, estamos en el camino de enmendar el rumbo, entender los múltiples factores que condujeron a estas violentas demandas y generar los necesarios cambios que permitan recuperar el camino que nos había permitido ser el país que en 30 años bajó la pobreza de casi un 50 % a menos del 10 %, siendo además la nación N º1 en América Latina en crecimiento económico estable.

Hemos escuchado una y otra vez que la desigualdad se ha profundizado estos últimos años, sin embargo las propias cifras de los organismos internacionales avalan lo contrario, como lo muestra el índice Gini y otros indicadores, que nos muestran que la desigualdad ha disminuido y que no es verdad que Chile sea de los países más desiguales del mundo ¿Qué es lo que pasó entonces? ¿Qué hay detrás de lo que llevamos viviendo por semanas?

Hay quienes señalan que lo que se ha incrementado es la vivencia o la experiencia de la desigualdad, donde efectivamente hay unas mejoras en las condiciones de vida, que por cierto contribuyeron fuertemente al aumento de la inmigración desde países vecinos, pero también aumentó la necesidad de un sistema de bienestar que permita distribuir el riesgo de la vejez y la enfermedad y estrechar la brecha entre los más ricos y los que aún están en la línea de la pobreza, para que los efectos positivos del crecimiento del país efectivamente lleguen a todos.

Sin embargo, desde el primer momento lo más difícil para la vida diaria de los chilenos, ha sido la mezcla de legítimas demandas ciudadanas con sistemáticas y organizadas acciones delictuales, de grupos violentistas de variados orígenes, pero con un fin común: desestabilizar al país, generar caos y vandalizar bienes privados y públicos, creando un clima generalizado de temor e indefensión y afectando gravemente a miles de personas que han perdido sus bienes y emprendimientos.

Hoy estamos viviendo un proceso de cambio, que ha sido necesario para reordenar las ideas y las prioridades, para aprender que la mantención de lo que se ha logrado en el desarrollo y la búsqueda de mejores caminos de progreso, deben, necesariamente ir acompañados de un proceso que permita reconstruir el rumbo para un mejor Chile.

Sergio Gahona

Parlamentario andino por Chile

3 Febrero, 2020