Hacía una educación superior inclusiva

Hacía una educación superior inclusiva

Latinoamérica ha vivido una transformación significativa en el acceso a educación superior. Solamente entre 1996 y 2014, la cobertura aumentó en más del doble (del 18% al 44%) como resultado de un esfuerzo en el gasto público y en la inversión privada, según reflejan las cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

De hecho, los países de la región gastan en educación superior casi tanto como la media de los países de la Organización de Cooperación de Desarrollo Económicos (OCDE). De acuerdo a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), algunos países invierten entre un 4% y 5% de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras producen resultados deslucidos. Y aunque las nuevas tecnologías han cambiado los patrones de consumo, lo que representa un verdadero reto para América Latina es la producción de dichas tecnologías (equipos, software y aplicaciones). En este sentido, se requiere que los países desarrollen nuevas capacidades, así como recursos humanos calificados.

Pese a ello, la educación superior juega un papel central a través de investigación, transferencia de conocimiento e innovación en diversas disciplinas, lo que ha permitido que exista un número significativo de experiencias positivas en la región. Un reporte de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología, indica que México, Brasil, Chile y Argentina representan el 91% de las inversiones en el sector.

Reducir las brechas

Lo que queda claro es que el conocimiento es la única forma de emanciparnos y es ahí que la educación es clave para incentivar el crecimiento y reducir la pobreza y desigualdad. Los niños, niñas y adolescentes que viven en comunidades remotas, áreas vulnerables, poblaciones indígenas o comunidades expuestas a la violencia se ven confrontados a la exclusión dentro del sistema educativo, en este sentido, la pobreza es la mayor causa de exclusión en la educación.

La comunidad educativa mundial ha adoptado el Marco de Acción Educación 2030 que destaca la necesidad de abordar todas las formas de exclusión y marginación. Pero hay que hacer hincapié en el ODS 9 que: “Insta a los gobiernos a promover la investigación científica, mejorar la capacidad tecnológica de los sectores productivos, propiciar la tecnología de la Información y las comunicaciones; así como, incrementar el número de personas involucradas en la ciencia y tecnología, y aumentar el gasto en investigación y desarrollo (…)”. Sólo a través del conocimiento promovemos un desarrollo económico más justo, equilibrado e incluyente.

Desde el Parlamento Andino, aprobamos el Marco Normativo para el Fomento de Políticas Públicas de Ciencia, Tecnología e Innovación en los Países Andinos, enfocado en incrementar la inversión nacional en I+D como porcentaje del PIB, buscando que la inversión per cápita en este rubro se acerque al promedio de países con ingresos medios, a través de buenas prácticas como el refuerzo de conocimientos para los docentes; el aumento de profesionales de cuarto nivel (con doctorados-PhD); becas doctorales; el fácil acceso a bibliografía especializada; programas de ciencia, tecnología e innovación para niños y niñas; semilleros de investigación; programas para jóvenes investigadores, entre otras.

Necesitamos urgente mejorar de forma sustancial el financiamiento de la investigación y de la transferencia de conocimientos, impulsar la excelencia en el ámbito mundial y fortalecer el trabajo de las universidades como apoyo de las economías locales. Referencias:

  • Objetivos de Desarrollo Sostenible. (s/f). Recuperado en: https://www.un.org/ sustainabledevelopment/es/objetivos-dedesarrollo-sostenible/
  • El acceso a la educación superior aumentó en toda América Latina. (2017). Recuperado en: https://www.eltelegrafo. com.ec/noticias/sociedad/6/el-acceso-ala-educacion-superior-aumento-en-todaamerica-latina

 

Pamela Aguirre

Parlamentaria andina por Ecuador

3 Febrero, 2020